La lengua maya, una mujer que ha emigrado a la ciudad

Descenso de la población mayahablante, hasta 2010

Del campo a la ciudad como toda mujer campesina, pobre e indígena que migra a los centros urbanos, lucha para adaptarse, su primer problema es la lengua misma al dejar de tener contacto con seres que la formaron, como la lluvia, la tierra, el maíz, los pájaros, las plantas, y la milpa, para hacer contacto con kilómetros de asfalto, con miles de autos, con decenas de plazas comerciales, con empleos urbanos que no sabe como llamar en su lengua, así que empieza a llamarlos en la lengua extraña que poco a poco deja de ser extraña.

La lengua maya urbana o más bien meridana comienza a ser extraña para la lengua maya de la comunidad, se convierte en “técnica”, por sus conceptos abstractos occidentalizados, por sus neologismos en el campo electrónico, por su contenido urbano emblemáticamente promovido por cierto periódico “Maya”, y finalmente porque ha sido colonizada su subjetividad, es decir su ser cultural.

La lengua maya de comunidad dice a alguien que emprende una buena acción, “ti’al ka xi’iktech utsil” en tanto la maya urbana hace una traducción literal de lo que se dice occidentalmente “ti’al ka jóok’okech táanil”; expresión extraña para las comunidades mayas de la Península.

La nueva ola de la llamada “revitalización de la lengua” debe tener apellido: es lengua maya urbana. Bueno sería mantener la vitalidad de su raíz que es la cultura, que pregunten a los niños monolingües mayas de las comunidades por el canto de los pájaros, del viento y de la serpiente. Pero el rumbo parece estar en la ciudad, ahí está la literatura, ahí está el rap o hip hop y otros cantares semejantes, un xe’ek’ que aplauden corazones solidarios con la cuestión maya.

Quizá por eso, a un costado de esta la lengua maya urbana no le importa mucho si grandes empresas capitalistas están invadiendo a fuego y espada el territorio maya para convertirlos en chiqueros, en parques solares y eólicos, en kilómetros de monocultivos transgénicos; tampoco se ha pronunciado en contra de las fumigaciones con veneno que se hacen desde el aire por los terratenientes que matan millones de abejas y flora de los montes; al parecer es suficiente impulsar la migración de la lengua maya de comunidad como para dejar el territorio libre a los megaproyectos invasores y a los biopiratas que roban la propiedad de las abejas meliponas en nombre de la interculturalidad.

A día de hoy, la lengua maya, cual migrante hacia la ciudad, se compra soya en el supermercado para alimentarse, le dice a su nieto recién vestido, “mare tan estrenartik nuevo luk”, camina las calles recogiendo envases de plástico debajo del monumento a los Montejo en el paseo Montejo, así llega al fraccionamiento Montejo, regresa al centro a descansar frente a la casa de Montejo a tomarse una cerveza Montejo, así de Montejo está.

Algunas veces logra ser el x k’oos en la CDI, en el INDEMAYA, en el INALI, o en la CODHEY o un tantito peor como traductora, cual Malinche, de las megaempresas invasoras del territorio que asienta sus molinos asesinos de aves, contra el pueblo que la vio nacer, pero ya es citadina, es lengua maya para periódico, radio y televisión; es el salto generacional dice en su defensa.

Así más o menos anda hoy lengua maya urbana, hasta concursos en español gana porque ya se superó, ya habla inglés, ya tiene una maestría y hasta un doctorado y cuando ve a la que todavía está en comunidad, le ofrece su apoyo solidario como toda una occidental, forma una ONG para financiar proyectos asistencialistas asesorándose en la SEDUMA, la SENER, el PNUD y otros grupos “generosos” que aprecian mucho la pobre lengua maya que lleva los pies llena de k’ankab, esperando su oportunidad de migrar a la ciudad ti’al ka jóok’ok táanil, kex ka’aj u p’at u lu’um.– P.R.U.B.– Septiembre de 2018.