La voz y “la poesía orgánica” de Marga Aguilar

POR FELICIANO Sánchez Chan, poeta y escritor maya

Palabras que pronunció el 27 de octubre pasado el escritor Feliciano Sánchez en el Instituto Universitario de Puebla, campus Santa Lucía, Mérida, donde presentó el poemario U juum u t’aaa koolnáal, de la poetisa de Sotuta Marga Aguilar Montejo

La escritora maya Marga Aguilar Montejo en su presentación en la Instituto Universitario de Puebla, campus Mérida, Santa Lucía

La profundidad de la voz poética de Marga Aguilar Montejo en la presente obra, sin que sea una réplica de las formas propias de un Jmeen o sacerdote maya, se inicia con un wach’abt’aan al recordarnos que primero es el payalchi’ o invocación a los dioses mayas y luego la existencia, es por eso que en su rezo:

ku yéemel,

ku xíimbal,

ku síit´ tu ba’paach baatsilo’ob ku k’ayko’ob payalchi’ob ti’ u yuumtsilo’ob,

leti’ u juum u t’aan.

 

que desciende,

que camina,

que salta alrededor de las familias que cantan rezos a sus dioses,

ese es el sonido de su voz.

Luego de la invocación, nos remite a nuestra esencia maíz y cual si fuera un conjuro para encantar a la muerte de modo que la vida siga siendo… al igual que la sabia anciana que atrapa a la muerte en un árbol de huaya en el cuento La vieja pobreza de María Luisa Góngora Pacheco, Marga, en el segundo poema, nos recuerda nuestra condición de hombres hechos de maíz y nos afianza a la eternidad en la figura de la Xmuch’kok mix bik’in kun kíimik, que renace siempre de sus raíces más profundas, afianzadas en las interminables lajas de Yucatán donde se estanca el agua en época de lluvias, así se ciña sobre la tierra la más prolongada sequía.

súut u wíinklal bey waaje’

ka janta’ab tumeen ixi’im wíinik,

tu núupuba’ob juntúulil utia’al u múul tséentuba’ob,

je bix le x-much’koko’ mix bik’in kun kíimik,

 

tomó la forma de una tortilla

y la comió el hombre de maíz,

fueron uno para sobrevivir,

cómo la x-muuch’ kook que nunca morirá,

Y qué otra cosa es la vida si no es invocación a los Dioses Mayas, si no es canto de ruiseñor, si no son palabras entretejidas, si no son palabras que se pescan en el mar de la eternidad del habla maya y luego canta en la voz de la poeta.

Y qué imprescindible es abrevar del arte de la palabra maya a la manera de Aj P’islimte’, el Dios Poeta, en estos tiempos en que vemos amenazado nuestro idioma por estas relaciones de desigualdad lingüística, donde la hegemonía del idioma de Castilla se impone como la voz que comanda todo el fenómeno de la comunicación y se convierte en monólogo hasta minorizar el idioma de la población maya que frisa el sesenta por ciento de la población total del estado de Yucatán.

Y qué imprescindible se vuelve la voz de la poeta, quien tiene que emerger de los escombros culturales y lingüísticos como :

Yooxol ja’ ku payalchi’ chúumuk k’iin,

kali’ikil u xíimbal yéetel u xúul,

tun julbe’entik loobita’an t’aano’ob.

Agua evaporada que reza al medio día,

mientras camina con su sembrador

resembrando palabras heridas.

Resembrando palabras heridas, dice, con la certeza de que la palabra no solo son sonidos que emanan de nuestras bocas, sino que somos vida nombrando a la vida desde nuestra muy particular filosofía como pueblo ecologista que somos de origen, y no por ley ni decreto, por cierto. Una filosofía fundada en el principio fundamental de que somos el eslabón más pequeño del Universo y no los dueños de la naturaleza.

Resembrar palabras heridas, sanar las palabras heridas y erigirlas de nuevo a las dimensiones del universo cósmico es la labor del poeta. Por eso para Marga, ora poeta y ora profeta, la nuestra es Lu’um ku ka’a ts’íik u yaal ku ka’apúut kuxtal / Tierra fértil que vuelve a germinar, y aunque lo nuestro, nuestro pueblo maya, nuestras luchas, nuestros sueños, nuestras aspiraciones por hacer grande nuestra cultura, nuestra voz poética por ratos pudiera parecer .

loobita’an báalam,

kabalchaja’an báalam,

tusa’an báalam,

kíimsa’an báalam,

jaguar herido,

jaguar mermado,

jaguar engañado,

jaguar asesinado,

También es como la Xmuch’kok que siempre emerge sobre las lajas a las primeras gotas de lluvia.

Es ahí donde recordamos que nosotros como pueblo maya somos lo que somos, gracias a que nuestros abuelos supieron extraer del vientre de las piedras que es nuestra península, todo cuanto fue necesario para desarrollar nuestra cultura y no otra, profesando a la madre naturaleza el más profundo respeto y sobre el principio de mantener el universo en perfecta armonía, dando como resultado una cultura hoy tan reconocida en todo el mundo, pero también tan pregonada por los turisteros y por la tanto tan despojada y prostituida como lo vemos en eventos inventados que denigran a nuestro pueblo, como lo son estos carnavales en donde desfilan con desparpajo hombres y mujeres pintados, al servicios de los intereses de la industria turística que en muy poco, por no decir en nada, benefician a nuestro pueblo maya

Así surge en la voz de la poeta a través del poemario U juum u t’aan koolnáal / La voz del campesino, como la figura que tuvo, que tiene y tendrá sobre sus hombros, el peso de labrar día a día estas tierras pedregosas para arrancarle el sustento del pueblo, mediante el trabajo arduo, continuo e ininterrumpido, por mucho que en ocasiones hacerla producir pueda parecer un sueño imposible, pero que tiene la confianza porque sabe que su esfuerzo se cimenta sobre la naturaleza venerada y lo acompañan nuestros dioses mayas. Ku síit’ tu ba’paach baatsilo’ob / ku k’ayko’ob payalchi’ob ti’ u yuumtsilo’ob / que salta alrededor de las familias que cantan rezos a sus Dioses.

El Feliciano Sánchez Chan en el II Encuentro de escritores mayas de la Península de Yucatán, en Bellas Artes, Mérida

De ahí en adelante la aspiración de la poeta es: En esta vida / concédeme ser tu sucesor padre. Ka’ansen in yuum, u x-mukult’aano’ob kool, / Padre, enséñame los secretos de la milpa, con la certeza de que sólo la madre tierra, el trabajo y la ayuda de los dioses, son capaces de proveernos todo cuanto sea indispensable para continuar con esta vida, pues los químicos que son base de la producción actual de alimentos te dan la vida por un instante y van matando poco a poco no a los individuos solos, sino a la humanidad entera.

Y aunque la fatalidad se asoma de pronto con la sentencia de K’oja’an / Enfermo, al referirse al pozo como emblema del agua nos recuerda nuestra naturaleza humana y que deberíamos tomar la misma actitud de “máan k’íine’ mot’okbaj yo’ koot, / u chichmachmubáa ti’ mixbik’in kíimik tuunicho’ob; / el tiempo está agachado sobre la albarrada, / aferrado en las piedras eternas;

Y que para nosotros los mayas, el tiempo es cíclico y se perpetúa en un ir y venir, en un acabarse y reiniciarse justo en el mismo punto, en el mismo instante de acabarse, por eso: Sáamale’ tu taasa bejlae’ / chuup u páawo’ yéetel ya’ab alab óolal ka’aj k’uuchi’ / El mañana trajo al hoy / vino con su sabucán lleno de esperanza

Y dónde si no es en la soledad, yo preguntaría. ¿Acaso la poeta soñaba con la soledad cultural como el escenario perfecto para reivindicarnos como mayas que somos? No lo sé, pero yo les pregunto: ¿dónde si no es en la soledad donde podemos reivindicarnos y poder cumplir el mandato de la voz poética de Marga con su arenga ancestral: xok u bonlil le múuyalo’obo’, / xok u xíimbal yuum k’íin / xok tu’ux bejil ku yáalkab yuum iik’. Lee el color de las nubes, / lee el paso del sol, / lee la dirección del viento.

Ella tiene la certeza de que solo con esta sabiduría ancestral, que solo si tenemos la capacidad de recuperar el conocimiento milenario volveremos a ser nosotros mismos y por eso nos mandata: xok le k’íina’, xok je’e bix u xok a noole’. / Lee este día, lee, como lo lee tu abuelo.

Y así, nos erigiremos nuestra esperanza, para que en paz con nosotros mismos:

K-páatik le yáax nukuch cháako’ob

tia’al k-éet síijil yéetel le túumben nalo’.

Esperamos las primeras lluvias

para nacer con el elote nuevo.

Dicho lo anterior, abonaremos día a día los káakab lu’umo’ob, las tierras fértiles de sus corazones, para que la voz de la poeta siga produciendo en abundancia alimentos no artificiales ni transgénicos, sino mucha poesía orgánica, para el bien de la humanidad.– Mérida, 2 de noviembre de 2017.

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