Los mayas tomaron de las víboras de cascabel los colores de los puntos cardinales

Plato polícromo The Jay Kislak, propiedad de la Foundation, Miami Lakes, Florida.

Plato polícromo The Jay Kislak, propiedad de la Foundation, Miami Lakes, Florida.

Los colores que asignaron los mayas a los puntos cardinales son los mismos de las serpientes de cascabel. Antes, en remotos tiempos mitológicos, los rombos del Tsáab Kaan ya habían enseñado a los mayas la forma cuadrada del mundo

Es un lugar común decir hoy: “Los mayas asignaron el color rojo al Oriente [Lak’in, Este] y el negro al Poniente [Chikín, Oeste]”. Y enseguida: “El color blanco lo asignaron al Norte [Xamán] y el amarillo al sur [Noojol]”.

¿Qué las víboras de cascabel no son sólo de un tipo? En el Diccionario de Motul (Mérida, 1929, página 72) se lee: “Ahau-tzab-can: hay cuatro diferentes de éstas y son: sac ahaucan, ek ahaucan, chac ahaucan, kan ahaucan”, según cita don José Díaz Bolio en su obra La serpiente emplumada, eje de culturas.

Así, en cada rincón o punto cardinal del mundo hay una víbora de cascabel guardiana, cuyo color se asigna a la esquina.

Los mayas llamamos Tsáab Kaan a la víbora de cascabel (tsáab es el crótalo). Creemos que la serpiente cuenta su edad por medio de sus anillos de la ringlera (en San Francisco, Tinum, una señora estaba asombrada por una cascabel de “23 años” que su vecino había matado en su milpa). Creemos que su carne cura males, como el papiloma y el cáncer. Sabemos que su aceite cura la reúma y los dolores musculares. Y eso lo sabíamos desde muchísimos años antes que naciéramos. Y entre nosotros hay grandes curadores de mordeduras venenosas, que sólo usan yerbas.

Para presentar las ofrendas a las deidades del monte, el sacerdotes maya, el ah meen, construye un altar cuadrado y acolchona la mesa rústica con hojas frescas, entre ellas las hojas del ja’abin, que es considerado el árbol preferido por las serpientes de cascabel.

En las celebraciones del Año Nuevo podemos pensar que los mayas encendían el fuego sobre los restos de una cascabel sacrificada, escribe José Díaz Bolio. En algún momento las hojas del ja’abín, su árbol favorito, ocupó su lugar, suponemos nosotros animados por otras lecturas.

La relación entre la víbora de cascabel y la cosmogonía maya la descubrió el primero el yucateco José Díaz Bolio y poco a poco sus líneas de pensamiento se han ido filtrando en los discursos académicos, aunque casi nadie reconoce la paternidad de dichas ideas.