Un promotor de la lengua maya a tiempo y a destiempo

Fidencio Briceño Chel, en Palacio Cantón

Fidencio Briceño Chel, en Palacio Cantón

Trabajar con convicción sobre nuestra cultura maya, trabajar incansablemente pero seguros, bregando a contracorriente de los prejuicios que existen sobre los pueblos originarios, y sin desesperar. Convencerse que nuestro trabajo, tarde o temprano, rendirá frutos sin duda aunque “no en nuestros bolsillos”, es el espíritu que ha animado siempre al lingüista Fidencio Briceño Chel, hoy considerado como quien mejor conoce la situación en que se encuentra la lengua maya en Yucatán y quien mejor puede instrumentar estrategias para fortalecer el idioma.

Nacido en Tixkokob, Fidencio Briceño Chel trabajó desde muy abajo (como chan k’oos de los que saben) para llegar donde hoy se encuentra y los que nos preciamos de “hacer cultura maya” sabemos que adondequiera que sea invitado, él estará presente compartiendo y escuchando porque es su “destino”, como él mismo escribe en una entrevista por escrito que tuvo la amabilidad de responder a elchilambalam.com

He aquí la entrevista.

Cumples 30 años como promotor de la lengua maya. ¿Cómo surgió tu interés en este tema en ese entonces?

Realmente pienso que fue el destino y la necesidad. Por un lado necesitaba seguir estudiando y ante la falta de recursos económicos mi tío Margarito, el menor de mis tíos, me acompañó a solicitar una beca en la SEP, pero como ya “se había gastado” las que había disponibles me dijeron que ya no se podía hacer nada.

Entonces acudí al antropólogo Juan Ramón Bastarrachea, quien luego de ir a visitar a otros amigos suyos y buscar posibilidades me ofreció ayudarme con un trabajo, siempre y cuando yo siguiera estudiando. Así fue que me dieron mi primer contrato en lo que era el Instituto de Cultura, y me dijeron que trabajaría como Oficial de Servicios en la calle 44 con 73 en el número 452; al llegar ahí descubrí que era ni más ni menos que la Academia de la Lengua Maya de Yucatán.

Estando ahí, la necesidad de escribir mi lengua me llevó a “meterme” a ver cómo lo hacían los maestros que ahí laboraban, y pronto aprendí, y desde entonces me puse a escribir y traducir todo lo que se atravesaba en mi camino y quería comprender en nuestra lengua.

Menciona cuando menos tres obstáculos muy difíciles que tuviste que superar en ese entonces para trabajar por lo tuyo.

Había muy pocas oportunidades para los jóvenes, era muy difícil participar al lado de los que ya tenían algún reconocimiento, y ellos mismos no daban chance de ello si no es que a cambio de algo; mucho tiempo la hice de chan jk’oos de aquéllos, pero así aprendí.

La falta de preparación es otro aspecto. Yo quería aprender pero no sabía dónde y ante ello se cerraban las puertas, así que muchas cosas las aprendí en el camino y a punta de tropezar y volver a empezar.

Eso llevaba también a la poca credibilidad o confianza en los jóvenes. Recuerdo que cuando doy mi primera conferencia hablando de la lengua maya en peligro en los años ochenta, me tiraron a loco y hasta se rieron de mí. Veinte años después, trabajando y estudiando en el Distrito Federal, me pidieron venir a ayudar para buscar cómo revitalizar la lengua maya.

La discriminación en esos tiempos era, aunque silenciosa, muy fuerte. Muchas veces pensé regresar a trabajar en los planteles de henequén cuando me cerraban las puertas o se reían de mí, cuando pretendía hacer más de lo que debía como barrendero en la academia, pero terco como soy siempre pensé que tarde o temprano habría alguna oportunidad.
A eso habría que sumarle otros tipos de discriminación como el malinchismo, el elitismo y otros más ya muy conocidos.

En la actualidad, cuáles son tus desafíos.

Hay muchas cosas por hacer. Por ejemplo, lograr un real cambio de actitudes en todos, tanto mayas como no mayas, sobre el verdadero valor de la lengua maya, darse cuenta que somos recipiendarios de un verdadero patrimonio que está en riesgo y que solo si lo usamos podemos darle fuerza de nuevo, k ka’a mu’uk’a’ankuunsik.

Por otro lado, trabajar con los jóvenes para que sean los promotores de ello, obviamente antes prepararlos y dotarlos de un buen cargamento de saberes y valores que los hagan sentir orgullo de lo que somos.

Con los niños, lograr hacer la conexión con los abuelos, los ancianos, los mayores para que de nuevo se interesen por aprender desde la práctica cotidiana esos conocimientos que hoy se están perdiendo; pero también actualizarlos, pues ya no podemos decir que va a ser en la milpa, el campo, el monte que lo vamos a enseñar cuando todo ello se ha acabado o está en manos de los no mayas. La venta de tierras, montes, etcétera, también está dejando sin espacios culturales y pedagógicos a nuestros abuelos, pero creo que el discurso, el cuento y otras opciones es un recurso para ello. De ahí la importancia de la maayáaj t’aan como contenedor de todo ello.

Autografiando la versión del Popol Vuj cuya traducción coordinó

Autografiando la versión del Popol Vuj cuya traducción coordinó

Diez consejos para un joven promotor de la revalorización de la lengua maya.

1. Antes que cualquier cosa no sentir vergüenza de ser maya.

2. Entender que somos únicos, no hay nadie como nosotros y que si se pierde lo que somos ya perderemos todo: nuestra lengua, nuestra cultura, nuestra identidad.

3. Siempre estar abierto al aprendizaje, hasta de los tropiezos podemos aprender.

4. Estar consciente de que la riqueza obtenida de esto se reflejará en el conocimiento, no en el bolsillo.

5. No perder de vista que pase lo que pase, lo más importante es seguir siendo uno mismo, cuando no sabes quién eres difícilmente vas a poder convencer a los demás.

6. Hay que prepararse, actualizarse, capacitarse.

7. No creer que por el solo hecho de ser mayas ya la hicimos.

8. Que nunca lograremos las cosas de manera solitaria, siempre es más fácil cuando buscamos apoyo, escuchamos a los demás, pensamos en conjunto.

9. Si estás preparado, seguro de los que eres y de lo que quieres, entonces no hay porqué temer a enfrentar nuevos retos.

10. Que las cosas se hacen poco a poco, vamos paso a paso, cuando queremos correr antes de caminar podemos sufrir más, lo digo por experiencia.

Cuál es el escenario que vislumbras para la lengua maya en los próximos 10, 20, 30 años.

¡De lucha constante sin duda! Hay que hacer muchas más cosas para lograr revitalizarlo, represtigiarla, refuncionalizarla: no bastan las instituciones, las leyes, los programas y los buenos deseos si no hay una participación de los propios mayas.

Yo creo que en los próximos 10 años está la clave: si trabajamos con los jóvenes en formación con una educación integral podremos sembrar la semilla que pueda germinar y empezar a dar frutos en eso mismos 10 años.

Las cifras muestran que los niños de habla maya de entre 5 y 9 años en 2010 no llegaban ni al 2 %, tenemos que trabajar mucho con ellos para que no pierdan su lengua y así puedan enseñarlo a sus hijos. Pero también fortalecer el uso con los jóvenes para que también esa generación no se pierda.

Para los próximos 20 años deberá de haber más conocimiento de lo que somos los mayas actuales, no olvidar a nuestros antepasados pero no basar el conocimiento de lo maya y los mayas en ese pasado glorioso y mostrar a los mayas actuales como “desmayados”. Lo maya también ha cambiado.

Entre los próximos 20 y 30 años ya deberá de haber instituciones propias de los pueblos indígenas que se encarguen de sus políticas lingüísticas, esos jóvenes de ahora deberán de ser los encargados de ello, para eso los estamos preparando desde todos los aspectos.

Dos anécdotas significativas en tu trayectoria.

Hay muchas, pero creo que la primera es la que me lleva al camino que voy siguiendo hasta ahora.

Estudiando en la EST # 19 de Tixkokob llevaron a un conferencista para hablarnos de la lengua y la cultura mayas para celebrar el aniversario de la escuela.

Al final de la conferencia preguntaron si alguien tenía dudas o preguntas, y levanté la mano temeroso para hacer un par de preguntas, luego volvieron a preguntar si había algún otro comentario o pregunta y nadie dijo nada, y volví a levantar la mano, entonces el conferencista dijo que si nadie más tenía dudas bajaría a platicar con el preguntón.

Así fue como conocí al antropólogo Juan Ramón Bastarrachea Manzano, quien me preguntó por qué había hecho tales preguntas y comentarios, entonces le dije que mucho de lo que había dicho no era cierto, que no solo era historia de los mayas del pasado, puesto que mi familia vivía de ese modo; entonces me preguntó si yo hablaba maya, le respondí en maya y eso me permitió platicar más con él.

Entonces me dijo que si algún día quería saber más o necesitaba ayuda lo buscara en su oficina del INAH; así que cuando terminé la Secundaria y mi abuelo ya había fallecido y no había posibilidades económicas para que yo estudiara, decidí buscar al Mtro. Bastarrachea y lo demás ya está contado. Así que la maya fue mi llave de entrada.

Otra anécdota que a veces me da mucha risa porque hasta ahora me ocurre, es que siendo investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en la ciudad de México, fui invitado a dar una conferencia magistral en Campeche. Tomé el vuelo en el D.F. y llegué a Campeche. Al llegar estuve esperando a una persona que según iría por mí para llevarme directamente a dar la conferencia; se fue todo mundo y yo era el único que andaba buscando a alguien que no conocía, y así me acerqué a otra persona que estaba parada a la puerta para preguntarle cómo ir hacia la Universidad, pues tampoco veía taxis afuera. Entonces me dijo que él iría porque el maestro que él esperaba posiblemente había perdido el vuelo. Al preguntarle a quién esperaba y escuchar mi nombre me empecé a reír, y cuando le dije que yo era ese tal Fidencio Briceño, el señor no sabía qué hacer ni qué decir.

Fue cuando me dijo que por lo que había leído en el currículum esperaba a una persona mayor, pero además “no a una persona como nosotros”.

Y hasta ahora me sigue pasando, bueno ya no soy tan joven, pero dicen que he hecho mucho, pero también hay gente que cree que alguien como nosotros no es capaz de hacer estas cosas académicas, de investigación, que sea capaz de generar conocimiento; por eso digo que a pesar de todo, el colonialismo sigue pesando en muchos como nosotros, el malinchismo está ahí presente, pero también el elitismo. Creen que alguien que dejó el trabajo del henequén, chapeando, cortando y estibando pencas para abrirse nuevos caminos, cortar palabras y estibar hojas de pensamiento no es capaz, si no lleva apellidos de abolengo, si no es extranjero.

Por eso, le digo a los chavos como me decía mi abuelo, ma’ su’utsil a t’anik maayai’, su’utsil ma’ a t’anik, (no es vergonzoso hablar maya, es vergonzoso no hablarla) a lo que yo añado tumen maayáaj t’aane’ u chíikul kuxa’ano’on (porque la lengua maya es señal de que estamos vivos).– Mérida, 9 de septiembre de 2014.

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