Un nuevo saqueo de la cultura maya

Cargador maya

Un lugareño acompaña a un arqueólogo. La imagen fue tomada por elchilambalam en un pasillo del INAH Mérida.

La tarde del sábado 8 de enero del año pasado elchilambalam emprendió una carrera contra el tiempo, y como suele suceder éste triunfó y la noche le cayó encima en una población del oriente, donde se resigné a esperar el nuevo día.

Un grupo de campesinos charlaba a las puertas de una tienda, sobre la calle principal. Los saludó en maya y en maya conversaron hasta poco antes de la media noche cuando el sereno los obligó a irse y el visitante a meterme en el automóvil.

-Es septiembre ­–recuerda un abuelo, mirando el ciprés que silbaba mecido por el viento de la noche joven. Y lo tendremos este año con lluvias tempranas -agregó mientras caían unas gotas que cesaron en poco tiempo.

-Sí. Estamos en las Cabañuelas… -recuerda con pereza otro anciano.

Mis apellidos y mis orígenes permitieron que en seguida me aceptaran como a uno de ellos y nos enfrascamos en una plática sobre diversos temas, como la hechicería, la agonía de los grandes h’menes, los embrujos de amor.

De pronto mencionaron a un extranjero que vivió con ellos más de quince años, un hombre blanco (que no era Cuculcán) que se hizo uno de ellos y los conoció desde su idioma, sus historias antiguas y su guiso más modesto. “Todo filmaba. Todo grababa. De las historias que le contamos hizo cuentos, hizo películas”, contaron.

Este hombre dijo: “Quiero una casa como la de ustedes”. Y los campesinos le construyeron cuatro piezas con bajareques, guano y tierra apisonada. Los acompañó el extranjero a la milpa, tumbó, quemó, sembró y cosechó. Aprendió el idioma casi a la perfección tanto que años después cuando llegaba de visita llegaba haciendo bromas en maya (baxal t’an), contaron los abuelos.
Su relación continuó viva y espontánea.
-Ba’ale’ jach taj dzu`ut (empero, era extremadamente avaro) –dijo uno, y fue el primer reproche en la larga lista de logros del visitante. “Ca’a un bo’ot un bisa’a Sotutae, topa’an: ma’a tu bo’otic” (para que pagara un traslado a Sotuta estaba cabrón, no lo hacía). Ba’axé cu cuchic u nu’ucule cu xímbatic” (Eso sí: cargaba sus cosas y caminaba el trecho, que es de cuatro leguas). ¿Treinta pesos?”, preguntó el francés sorprendido una vez. “Es muy caro”.
-¿Y qué comía?
-Lo que le dábamos de las cosechas.
-Es que era pobre.
-No. Volvía siempre de su país con un fajo de billetes que depositaba en el banco. Lo sacaba cuando iba a viajar.
Risas. “Ta tsente’ex”, les dije socarronamente, que significa “lo criaron” (lo mantuvieron).
Lo peor ocurrió un día que el extranjero volvió con unos libros. Repartió sendos ejemplares a sus más allegados y ofreció en venta otros.
-Me fregué. Si nosotros le dijimos todo lo que tiene escrito –se quejó uno, lo cual hizo reír a todos largamente.
-Eres rico –le dijeron una vez, en corto. Lo negó. “Hay más ricos que yo”, dijo.
-Pero el euro vale más que el peso…
-El euro cuesta casi igual que el peso _­les dijo.

Cocina maya

Un vecino de Tabi muestra un ejemplar sobre comidas mayas cuyo contenido fue aportado por la comunidad.

“Durante 16 años trabajé con él y nunca le cobré nada. Pero esperaba que alguna vez me diera una gratificación”, dijo uno. “Se fue, hombre, y un peso no le nació regalarme”, recuerda con cierta tristeza, quien le reveló todos sus secretos sobre plantas curativas.

No obstante, estos hombres rudos del campo son fieles a este extranjero, al que esperan se asome alguna vez, pues “aquí está su casa”.

Cada año, en la víspera de su viaje a su país, organizaba una fiesta. “Nosotros le hacíamos la cochinita”, recordaron. El estudioso traía algunas cajas de cervezas. “Hombre ¿crees acaso que se dignó invitarnos una sola cerveza? ¡Sólo convidaba a sus amigos, los güeros que lo acompañaban…Nosotros nada, aunque sí nos tocaba tacos.

En muchas partes de Yucatán, hombres que se presentan como investigadores se apropian de la sabiduría de esta gente buena y lucran, y se hacen famosos, y conquistan puntos académicos pero estos hombres que les dan los contenidos siguen iguales en su rincón, anónimos, sin ningún beneficio material que les permita mejorar su nivel de vida. Un saqueo legal sin duda pero no menos agraviante que llevarse un Chac Mool a escondidas.

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