Tres muestras de escritores mayas contemporáneos

Por EDGAR RODRÍGUEZ Cimé, del Colectivo cultural “Felipa Poot Tzuc”

Marisol Ceh Moo

Marisol Ceh Moo

Como aclara el lingüista Carlos Montemayor, especialista en etnoliteratura, el arte literario maya, como entre griegos y romanos, comprende tanto a los “creadores”: poetas, cuentistas y dramaturgos, como a los ensayistas: cronistas e historiadores. En este escenario, la mayoría de los narradores [mayas] redactan temas tradicionales (recopiladores) quizá porque aún ejercen un poderoso sentimiento de compromiso cultural, y muy pocos elaboran relatos de ficción.

Santiago Domínguez Aké (Muxupip, Yucatán / 1951) es Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán. Traductor de la primera serie de Letras Mayas Contemporáneas y coautor de la tercera serie.        Autor de 10 libros de ensayo y cuentos. Profesor de idioma maya. Ha sido docente con estudiantes de la Universidad de Michigan.

De Santiago, un fragmento de La cacería del Armadillo, en U tsikbalo´ob tunkuluchuj (El pájaro sabio):

(Por violar las leyes de Yuum Chaak, Dios del monte, un trío de cazadores de armadillos comenzó a tener presagios de ser castigados si continuaban en su afán de continuar con esta práctica en el campo yucateco. A uno de ellos no le importaron estas advertencias y lo pagó muy caro: con su propia vida.)

“Temeroso de recibir el ataque del armadillo (enorme como una tortuga caguama), Rafael salió corriendo a toda prisa del lugar, y huyó encomendándose a Dios implorando protección. El ‘mal viento’ de aquel ser sobrenatural le provocó una fiebre muy alta. Con mucho esfuerzo, arrastrando los pies, logró llegar a su casa. Apenas podía hablar: con balbuceos narró a su esposa lo ocurrido y poco después murió. No se salvó del castigo de Yum K´áax, el dueño de los animales silvestres.”

Sol Ceh Moo es la terrible enfant de la literatura maya contemporánea (“Escribiendo en las paredes de mi vagina”, es el título de su libro de poemas). Además de traductora, escribe novela, cuento, ensayo y poesía. Ganadora del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas, por su novela Chen tumeen x ch´úupen: Sólo por ser mujer. Becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Actualmente miembro del Sistema Nacional de Creadores.

De Sol, un fragmento de Sa´at ich k´áax: Se lo comió el monte: Ángel, un niño con espíritu de chan kisín (diablillo), demasiado travieso con medio pueblo, un día que acompaña a su padre a las labores de la milpa, extrañamente se pierde en el monte cercano. Ante esto:

“…El j´men dio su veredicto: al niño se lo comió el monte´. Entre todas las hipótesis esta fue la que más consoló a sus padres. ´Si lo llevaron los dueños del monte, seguramente está sano. Mientras esté vivo hay que alegrarse´… Hay quienes creen que va a volver: ´A lo mejor regresa convertido en un gran curandero, o vuelve como un chilam´.

“Ahora, años después de la desaparición de Ángel, muchos campesinos afirman haber escuchado el canto de un niño que surge del corazón del monte. Unos aseguran que la voz es clara y fuerte: la voz del niño perdido; al contarlo, los más temerosos se persignan; los que no, simplemente se encogen de hombros. Lo que sí es cierto es que desde el acontecimiento, ningún padre osa llevar a sus hijos pequeños al monte.

“´No vaya a ser que Ángel los encuentre y los quiera llevar para su compañía´, dicen.”

Vicente Canché Moo, originario de Halachó, Yucatán, es licenciado en educación primaria. Traductor y narrador. Autor de tres libros de cuentos, así como del primer CD interactivo, del DVD nivel intermedio y del audio curso, en idioma maya. Asesor académico del programa televisivo Aprendamos la lengua maya (Canal 13 local). Becario del FONCA, en tres ocasiones.

Un fragmento de Yáax K´iin: Sequía, de Vicente:

“…La tierra ya estaba agrietada, los labios del anciano…, también.

“Mientras cantaba y oraba en la ruina de aquel templo, su mente voló hasta la época en que las cabañuelas eran exactas; ahora, calculaba cuándo debía caer la lluvia, y no acertaba. La gente había dejado de creer en sus predicciones, pero no era su culpa; era culpa de todos los que se habían alejado de las verdaderas enseñanzas de los grandes abuelos. Vivían como querían y no respetaban los bosques ni la vida que en ellos había. Se les había olvidado que todos formábamos parte de la familia de la madre tierra…”.– edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx

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