Rescatando nombres de los pueblos mayas: Buctzotz o la casa del murciélago

Los escritores Lázaro Kan y Jorge Echeverría en amigable discusión, en el taller literario en Maní

Los escritores Lázaro Kan y Jorge Echeverría en amigable discusión, en el taller literario en Maní

Por LÁZARO KAN EK, escritor maya. Los nombres de nuestros pueblos de la Península de Yucatán que son considerados de origen no lo son. Aunque siguen estando en lengua maya la mayoría, en realidad provienen de la Colonia: es sonido de conquista, voz de imposición, ruido de espada, es pronunciación no pronunciada del colonizador.

Nuestra lengua maya es onomatopéyica. Es voz del pájaro, de la cigarra, de las aguas, del monte, del cielo, del viento, de Dios. Así fueron nuestras abuelas y abuelos nombrando los lugares donde vivieron, como son el entorno del cenote, la aguada y el río.

Cuando nuestra madre tierra le da la bienvenida a la lengua extranjera, ella ignorada, sometida y sojuzgada por el falso oído de la lengua española que carece de muchos sonidos onomatopéyicos de nuestra región, se “oficializa” el nombre de nuestros pueblos y apellidos; dejan de ser mayas-mayas para ser “mayañol”, como es el caso del nombre de algunas avenidas de la ciudad de Mérida; por ejemplo “Itzaes y Cupules”; en maya, el plural termina siempre con el sufijo “o’ob”, por lo que debería ser Íitsabo’ob y Kúupulo’ob”.

Es apenas un ejemplo del impacto sufrido por nuestra lengua de origen; es una manera de negación que tiene su origen en otro origen: el de la discriminación, el racismo, el menosprecio, la humillación, el despojo conquistador, colonizador y neocolonizador de nuestros días, con ropaje de “educación indígena, bilingüismo, interculturalidad.

Buctzotz es un caso emblemático de esta atropellada historia de nuestra lengua materna. Ubicado a 90 km al noreste de Mérida, el origen de su nombre se percibe tenue entre los polvorientos nubarrones de la historia oral de nuestras abuelas y abuelos.

Los primeros pobladores venidos de la comunidad de X-Béek, a 6 km al norte de Buctzotz (según sus propios hijos quienes son hoy nuestros abuelos), llegaron a este lugar de selva alta, en la que encontraron escondido en medio del exuberantes árboles –como el piich, k’úumche’, béek, ja’abin, chakte’, ch’i’imay, kitíinche’, ts’íits’ilche’– un cenote de tipo cueva, de boca angosta, apenas un poco más grande que la boca de un pozo como los que tenemos aquí en Yucatán.

Al entrar en él, grande fue la sorprea de nuestros abuelos al ver cientos de murciélagos en su interior, sin que estos sean un impedimento para abastecerse de agua. La pregunta impostergable llegó, ¿cómo llamaremos este lugar o este cenote? alguien dijo ¡Búuksoots’!, respondiendo, como de por sí hacen nuestros abuelos y abuelas: a partir de lo que nos enseña la madre naturaleza; todos estuvieron de acuerdo.

Así entonces, Búuksoots’ significa la casa del murciélago, ya que búuk es ropaje, aquello que cubre, que protege; así se le llama a las batas que se usaban antiguamente; es lo que tapa, el vestido, la casa pues; soots’ es murciélago; búuksoots’ significa sin equivocación la casa del murciélago o ropaje del murciélago. La deficiente pronunciación colonizadora la transforma en Buctzotz y así pierde su origen; aunque sigue siendo maya no es maya; es maya colonizada, es maya colonial, es maya sin ser maya.

Búuksoots’ es lugar del ave nocturno, lugar de los hombres y mujeres de la noche, aquellas y aquellos que miran a la luz de la oscuridad, que trabajan en la oscuridad de la luz nocturna, que buscan y buscan sin terminar de hallar; los que surcan los montes con el vuelo nocturno, los que destilan fuego en la mirada de la luz extraña.

Búuksoots’ es casa y hogar, es protección, es anuncio de agua, es la casa nuestra sin ser nuestra, es la piedra inerte que da bienvenida; es cueva que protege el agua, es el Tun viviente que ha construido un lenguaje propio con el soots’, es onomatopéyico.

Búuksoots’ es guardián del guardián; es protector del soots’ y el soots’ protector de sus aguas; son acuerdos históricos, es lenguaje de origen, es fundación fundante, es la caricia de los cuerpos de búuk y soots’ a los que se unen nuestros abuelos y abuelas en busca de montes propicios para la milpa sagrada.

Buuksoots’ es madre tierra, es monte sagrado, es piedra hecha hogar, es agua virgen, es murciélago curioso, es abuela en resistencia, es abuelo en lucha, es maíz nativo, es alimento orgánico, es presencia de dioses, es búsqueda nocturna, es mirada en la noche, es casa del murciélago; es agua negada por el “desarrollo” que lo ha convertido en parque, en quiosco, en banco, en carretera, en símbolo de poder “demorrático” (democracia de rateros) que no democrático.

Búuksoots’ es memoria, es k’ajlay, es la afectividad frente la efectividad, es tortilla partida y compartida, es lo dicho y por decir, es proyecto proyectado, es filiación sin ser afiliación, es sentido que no parte ni se reparte sino se comparte, es un silencio silenciado, es quicio y desquicio, es Mayab por su origen que se busca en la nocturna luz.  

Por eso reivindicamos tu nombre con el lenguaje de origen, con el canto de tus aves, con el eco del aleteo de tus murciélagos, con el silbido de tus vientos, con el retumbar de tu lluvia, con la voz de tu cenzontle, con el concierto de tu ruiseñor, pero sobre todo ,con el silencio rebelde de tus aguas cristalinas:

BÚUKSOOTS’

Xik’nal u máan a waalo’ob

Juul ku beetik u yicho’ob

U Yuumilo’on sujuy ja’

Bíin k-potk’es u maak le ts’uulo’

U Yuumilo’on áak’ab

U k’ojo’on bolontik’uj

Le beetik bíin k-tíip’sech tu ka’teen tu táan yich yóok’olkaab.

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