Mayas de Merida, “emigrantes” en su propia tierra

Foto de Isaac Carrillo Can / Una mujer maya ofrece su mercadería en las calles de Mérida

Mérida, Yucatán, 21 de febrero de 2017 (elChilamBalam).– Los mayas siempre han estado presentes en Mérida. Desde mucho antes, dueños de estos territorios de Jo’ donde fue erigida luego la “ciudad blanca”, los mayas se desplazaban libremente por estas tierras.

Grandes constructores antes de la llegada de los sak wíinik (hombres blancos), los mayas siguieron siendo esenciales al aportar –por las buenas o las malas– su fuerza de trabajo para la construcción de la ciudad, incluida su Iglesia Catedral…

Hoy día los mayas mantienen su importante presencia en la ciudad, un pie en la insoslayable modernidad, un pie en su cultura y tradiciones que se niegan a abandonar.

En El perfil maya de la blanca Mérida (2012), el doctor Jesús Lizama Quijano recuerda que Mérida, según el Censo 2005, es el municipio donde radican mayor número de mayahablantes, y Mérida es al mismo tiempo la población donde los mayas gozan menos de los beneficios al no haber una política social y económica diferenciadas.

No obstante de esta antigua presencia en la ciudad, “el maya es considerado en el ámbito citadino como migrante, lo que, paradójicamente, le quita todo derecho a reclamar derechos”, afirma el doctor Lizama. Y agrega: “Lo que opera en el fondo es un visión de discriminación cultural, arraigada a lo largo del tiempo y que ahora se presenta de diversas maneras. Es la misma antigua ideología, sólo que con nuevas vestiduras, pero que sigue existiendo como un medio a través del cual se jerarquiza a la sociedad urbana, designando con ello posiciones que en la interacción social deben ocupar los actores sociales”.

Yucatán es uno de los estados con mayor número de mayahablantes

No obstante las “mil y una maneras de discriminar a los mayas”, estos resisten y se ingenian en vivir su cultura. En la “blanca Mérida”, los mayas resisten en su lengua y sus tradiciones, aunque los más jóvenes se encuentran ante la disyuntiva de continuar con lo suyo o brincar al otro lado donde aparentemente serán mejor aceptado.

Si bien la “presencia maya” en Mérida ha sido anterior a Mérida, las estadísticas se empeñan a medir su “emigración” del pueblo a la “ciudad”. En efecto, según datos oficiales esta “presencia” registra el mayor auge en la década de los treinta. Así, el Conteo de Población de 1930 reportó una cifra de 29,729 personas que hablan una lengua indígena y el aumento fue consistente en los siguientes decenios hasta 1980 cuando alcanzó la cifra récord de 93,746. El número subió de nuevo en el año 2000 cuando ascendió a 92,465 para bajar de nuevo en 2005 a la cifra de 79,661.

 

Descenso de la población mayahablante en Yucatán, hasta 2010

En Yucatán, 29 de cada 100 personas (de tres años y más) hablan una lengua indígena, mientras que a nivel nacional es de siete de cada 100, según los datos más recientes de Cuéntame. Añade que en México 7 millones 382 mil 785 personas de 3 años y más hablan alguna lengua indígena; las más habladas son el náhuatl, maya (yucateco) y tseltal (aunque no se dice que en el náhuatl hay más de 30 variantes, que eventualmente dos hablantes de una variante no podrían entenderse en una conversación, lo que no sucede con los mayas yucatecos).

Para reforzar las lenguas originarias es necesario implementar ciertas políticas públicas orientadas a ello, propone el doctor Pedro Bracamonte y Sosa en su libro Ante el etnocidio (2014) DESCARGA AQUÍ. He aquí algunas de ellas: enseñar en las escuelas la historia específica de cada pueblo, eliminar la figura jurídica de “pueblos, comunidades y ciudadanos indígenas”, desarrollar las capacidades de la lecto-escritura de las lenguas originarias, enfocar la educación bilingüe desde la visión de los pueblos y lenguas originarias, municipalizar los recursos fiscales y de políticas de reforzamiento lingüístico y cultural, entre otros.

Mientras no haya voluntad política la situación de los pueblos originarios seguirá siendo “emigrantes” en sus propios territorios, siendo para el sistema apenas un poco más de un elemento folclórico de valor turístico.

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