U x-wáayilo’ob X-Letra, una pieza teatral en lengua maya pero con espíritu moderno

Por José Natividad Ic Xec, periodista y profesor


Hace unos días terminé de leer la pieza teatral U x-wáayilo’ob X-Letra, de la escritora maya Marga Beatriz Aguilar Montejo (Sotuta) y he quedado impresionado de la historia, de su temática muy diferente a la de cualquier pieza en lengua maya que haya yo leído, su fino desarrollo y su flema para llevar las situaciones a la máxima tensión.

U x-wáayilo’ob X-Letra (Las brujas de X-Letra) fue publicado en Kan ik’ti’ili (2012), una compilación hecha por el escritor Isaac Esau Carrillo Can, y publicado por el Ayuntamiento de Mérida. El volumen reúne a un puñado de escritores noveles, todos egresados de la Escuela de Creación Literaria de Bellas Artes.

En U X-wáayilo’ob de X-Letra Marga Aguilar cuenta la historia de dos hermanas, Olga y Diana, esta segunda, la menor, casada con Mario. Los tres viven juntos en un lugar solitario donde la única esperanza es el tren que sugiere que hay otros mundos.

La historia transcurre en X-Letra, que sabe Dios de dónde le vino el nombre. Pero según dice una de las mujeres en uno de los parlamentos, el lugar era tan feo que mereció llamarse así. Hoy día, según testimonio de la escritora, este sitio se lo ha tragado el monte. Que sólo queda un viejo letrero que indica dónde había estado, porque X-Letra era solamente un paradero del ferrocarril que iba a Sotuta.

Hermana dominante, controladora, Olga impidió hasta el final que Diana buscara nuevos horizontes con Mario, de quien Diana estaba muy enamorada. No obstante, el lazo de sangre fue la mejor atadura.

Nunca pudo Diana tener hijos. No sabemos si porque no podía concebir o porque su esposo era estéril. Las pócimas que Olga administraba a Diana para que pudiera quedar preñada igual podría ser para que no pudiera concebir.

En toda la pieza el parlamento de las dos féminas deja una sabrosa ambigüedad que un mayahablante podrá disfrutar con plenitud. En la casa de Olga (porque su padre se lo ha dejado a ella) Mario es sólo un objeto, “un perro que no tiene donde ir”, “un perro que ellas alimentan”…

El tren es un mensajero de esperanza. En ese tren donde Diana pensaba partir algún día hacia otros lugares para comenzar una nueva vida con Mario, aspiración sin embargo que pronto moría cuando Olga le recordaba: “No puedes irte. Eres mi hermana”. Y Diana volvía a su triste vida cotidiana: de suspicacia continua hacia su marido y de un silencioso rencor hacia su hermana en un crescendo que llega a su clímax en los últimos parlamentos.

Es difícil comenzar a leer U x-wáayilo’ob X-Letra. Es muy posible que el avezado lector de teatro espere acción y brillo en los primeros momentos, pero en vez de eso uno solo se encuentra con un aburrido punto perdido en la nada, donde la única visita era el “caballo de fuego” que pasaba al atardecer y del que nadie bajaba nunca. El lector desesperado sólo descubrirá una atmósfera inamovible, un tiempo detenido, un mundo donde en verdad nada ocurre, lo cual podría desalentarlo. (Los mayas somos dueños del tiempo.)

Los fantasmas del pasado: una casa que ha devorado el fuego en Uci, su emigración a X-Letra donde parece que los papás se establecieron y heredaron luego la casa a su hija mayor, ingenuamente, porque nunca figuró un documento.

Mario termina yéndose de la casa donde lo menosprecian y maltratan, Diana pierde el juicio y Olga termina pendiendo… (El destino de Olga es mejor callarlo y que el lector lo descubra por sí mismo.)

Es de suponer que X-Letra fuera arrasada por una cuadrilla de hombres de las rieles que desmantelaron todo, haciendo una cruda metáfora de sus desgraciados habitantes y dejando un sabor amargo de boca al lector boquiabierto.

La fuerza del drama se concentra en las hermanas (Mario es sólo un “óotsil peek’ mina’an tu’ux u bin”). Con un juego temporal, la autora nos muestra la crueldad de que es capaz Diana desde pequeña, cualidad que empleará hasta el desenlace inaudito. “Lo escribí, porque pensé en las atrocidades de que es capaz de cometer el hombre hoy día” (traducción mía del maya), comentó la autora en una comunicación por WhatsApp.

X-Letra es un lugar solitario, abierto al cielo pareciera, pero no era más que el sartreano cuarto a puertas cerradas donde todo se vuelve intolerable. Olga y Diana son dos mujeres dignas de Lorca; la crueldad de Diana, un homenaje a Dostoievski, un guiño a Quiroga. La atmósfera, involuntariamente shakespereana.

U x-wáayilo’ob X-Letra es teatro escrito en lengua maya, con una atmósfera genuinamente maya, pero con un espíritu dramático moderno al centrarse en el carácter de las hermanas.

La escritura maya de la mayor parte de la pieza es impecable, pero cambia drásticamente para mal a partir de la penúltima escena y el título no me parece que se justifique. Llamar a las mujeres wáay creo es demasiado para las mujeres. Quizá era mejor el título de U xpulya’ajilo’ob X-Letra, pero ni así se justificaría porque la que parece saber de yerbas y poseer conocimiento ocultos es Olga. En fin, sea.

Leer la pieza de Marga Aguilar bien que vale la pena. ¿Algún día la veremos representada en un escenario?– Mérida, Yucatán, 2 de julio de 2017. Mail. joseic@elchilambalam.com

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