Las profecías de los verdaderos mayas se han cumplido

Juan Francisco Tamay Mis, de Yaxunah

Las “profecías” de los verdaderos mayas sí se cumplen. Y si no, sólo pregunten a don Juan Francisco Tamay Mis, quien ve en estos tiempos cumplidas las predicciones hechas por su abuelo.

Los niños con zancos hacen sus evoluciones en el empedrado del Centro Cultural de Yaxunah pero el abuelo no los mira ahora. Su memoria lo ha llevado a por lo menos ocho décadas atrás cuando su abuelo le enseñaba lo oído de sus ancestros, de lo porvenir y que hoy –admirablemente– se ha cumplido. 

Bin k’uchuk u k’iinil ken a wi’le’ex péepen k’áak’. (Llegará el día en que verán a la mariposa de fuego).
¿Y acaso no es lo que vemos cuando un avión surca los cielos?, pregunta el abuelo a Lorenzo Itzá, quien conversa con él sentado a su lado.
Debemos considerarnos afortunados de que nos haya tocado vivir en esta época en que se cumplen las profecías de los abuelos, indica Juan Francisco Tamay.

Bin k’uchik u k’iinil ken palitsita’ake’ex tumen áaik’al máako’ob (Llegará el día en que serán esclavizados por los hombres ricos).
El campesino no lo piensa mucho. En sus propias palabras, dice que en el sistema laboral actual el empleado depende completamente del patrón. Este decide si le deja permanecer en el trabajo o se lo quita. Si le paga bien o mal. Que lo lleva y trae como gustare, que le haría trabajar los días y las horas que le convienen a él como patrón. “Esto lo estamos viendo” ¿o acaso no es así?, interpela a su interlocutor.

Bin k’uchuk u k’iinil ken t’aanake’ex yéetel u yóol-iik’ (Llegará el día en que hablarán mediante el hálito del viento (que él tradujo como el teléfono móvil).
El abuelo de 83 años se refiere al uso ya generalizado de los celulares. “Es claro. Lo que han dicho los abuelos se han cumplido”, señala.

Y no importa si en esta población que dista apenas 25 kilómetros de Pisté, en donde se encuentra Chichén Itzá, nadie disponga de una señal salvo algunos pequeños empresarios que se han hecho de una antena que el mismo Telcel les ha vendido. Teléfonos muertos la mayoría excepto si caminan un kilómetro para llegar a la zona arqueológica y se suben a una pirámide en busca de señal…

Bin k’uchuk u k’iinil ken a a mane’ex ja’ (Llegará el día en que comprarán su propia agua).
Considerado un líquido gratuito que nos da la naturaleza, la idea de comprar agua es casi un sacrilegio, lo mismo que vale cuando se trata de la posesión de la tierra. Sin embargo, en todos los caminos pueden verse camiones que venden botellones de agua, camiones de diferentes compañías. Cuando se pasa por la calle pueden verse los botellones alineados en las cocinas de los hogares. La profecía más grave se ha cumplido. Las compañías han venido a ser la vieja de la historia que vende un sorbo de agua en una cáscara de cocoyol, y a cambio de ésta había que entregarle un niño para alimentar a su serpiente.

En otro momento, don Juan Francisco le dice a El Chilam Balam: “Aquí los abuelos nos estamos extinguiendo, y con ellos lo heredado de nuestros antepasados”.

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