La pelota de los aluxes

Los aluxes de la historia, fotografiados con un dibujo de fondo.

Los aluxes de la historia, fotografiados con un dibujo de fondo.

Su esposa le dijo claramente en tono de ultimátum: “Si no te los llevas de aquí, un día llegarás a casa y no estaremos porque ya nos habrán llevado… “

Sólo así accedió Mario a alejar de su hogar a sus preciados aluxes. Los tomó una mañana siguiente y los guardó en un lugar lejano pero seguro.

La tranquilidad de la familia se había esfumado desde el incidente de la pelota. “Una noche que estábamos pacíficamente sentados mirando jugar a nuestra nieta ocurrió aquéllo”, había contado Mario, durante una visita de el Chilam Balam este fin de semana  a Felipe Carrillo Puerto.

“Arrojó la niña la pelota pequeña como de ping pog y el esférico rodó en el piso, chocó contra la pared y volvió muy despacio hasta deslizarse bajo un sillón, apenas con algún impulso por la inercia.

Y ahí quedó varios instantes. Pero, ¡oh Dios!, cuando ya nos estábamos olvidando de la pelotita de pronto salió debajo del sillón y se alejó hacia el otro rincón de la casa, dando saltos fuertes y bien definidos.

Desde ese día la familia no estaba en paz, porque la madre había concluido irrefutablemente: “No estamos solos en esta casa”.

Aluxes que pueden verse en el Museo de Tihosuco.

Aluxes que pueden verse en el Museo de Tihosuco.

Y aún así los aluxes siguieron viviendo algún tiempo bajo el mismo techo hasta que la señora de la casa temió que un día los aluxes se las llevarían a ella, a sus hijas y a sus nietas un día que no estuviera el dueño de la casa.

Así dijeron adiós un día los aluxes a aquella casa con niños.

Mario recuerda cómo llegaron estos personajes mágicos en sus manos. “Un día un amigo me preguntó si quería yo un alux, porque ya le estaba dando miedo y ya no lo quería con él. Y lo acepté. Algunos años después llegó a mis manos el otro, más o menos por las mismas razones.”

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