En memoria de Juan Ramón Bastarrachea Manzano

cordemex

Ha muerto Juan Ramón Bastarrachea Manzano, uno de los dos redactores del afamado Diccionario Maya Cordemex.

El cronista no tuvo el gusto de conocerlo en persona (¿o sí?) pero sí tener una idea de él por terceras personas que tuvieron trato con él.

A mediados de los años ochenta, cuando quien escribe cursaba un año de Introducción a la Filosofía en el Seminario Conciliar, alguien tuvo la buena idea de organizar una visita a la zona arqueológica de Uxmal, y para que el paseo no fuera en vano se organizó una “plática sobre los mayas” que tendría que impartir un experto.

Llegado el día, estando todos atentos en un salón en Uxmal, un hombre vestido todo de blanco, de alpargatas chirriantes, subió al escenario y comenzó su charla. No recuerda el cronista todo el contenido de la conferencia, pero sí que el ponente recalcó la crueldad de los misioneros para con indios, del sangriento Auto de Fe de Maní, y lanzó durante muchos minutos una retahíla de acusaciones contra la iglesia institucional apuntándonos a los presentes, que los sacerdotes que acompañaban al grupo de muchachos estaban tan sorprendidos que no pudieron decir ni pío.

¿Quién era aquel hombre? El cronista no comenzó a hacerse una idea de él sino muchos años después.

Hará unos seis años, en casa de don Domingo Dzul, uno de los tres colaboradores directos del Diccionario Maya Cordemex, el cronista escuchó un nombre que pudo asociar con aquel personaje.

Don Domingo preguntaba cómo había llegado a su casa el cronista ¿en camión urbano o en automóvil? Y contrariamente a la generalidad que llama kisbuuts’ (aparato que expele humo) a un automotor, don Domingo dijo jíililjil, o sea, “aparato que arrastra, que trasporta”.

Más adelante, en una pausa de la charla, el cronista trajo a colación la voz que usó para designar automotor, y contó una discusión que tuvo alguna vez con Juan Ramón. “La cosa no es así Juan Ramón”, le explicaba don Domingo, pero finalmente quedó asentado kisbuuts’ (suponemos en algunos de sus diccionarios, no en el Cordemex) .

La tercera idea del cronista sobre Juan Ramón Bastarrachea Manzano la tuvo por conducto del lingüista Fidencio Briceno Chel, en una entrevista que le hicimos para el chilambalam. Escribió esto Fidencio:

Cumples 30 años como promotor de la lengua maya. ¿Cómo surgió tu interés en este tema en ese entonces?

Realmente pienso que fue el destino y la necesidad. Por un lado necesitaba seguir estudiando y ante la falta de recursos económicos mi tío Margarito, el menor de mis tíos, me acompañó a solicitar una beca en la SEP, pero como ya “se había gastado” las que había disponibles me dijeron que ya no se podía hacer nada.

Entonces acudí al antropólogo Juan Ramón Bastarrachea, quien luego de ir a visitar a otros amigos suyos y buscar posibilidades me ofreció ayudarme con un trabajo, siempre y cuando yo siguiera estudiando. Así fue que me dieron mi primer contrato en lo que era el Instituto de Cultura, y me dijeron que trabajaría como Oficial de Servicios en la calle 44 con 73 en el número 452; al llegar ahí descubrí que era ni más ni menos que la Academia de la Lengua Maya de Yucatán.

Estando ahí, la necesidad de escribir mi lengua me llevó a “meterme” a ver cómo lo hacían los maestros que ahí laboraban, y pronto aprendí, y desde entonces me puse a escribir y traducir todo lo que se atravesaba en mi camino y quería comprender en nuestra lengua.”

Y más adelante:

“Dos anécdotas significativas en tu trayectoria.

Hay muchas, pero creo que la primera es la que me lleva al camino que voy siguiendo hasta ahora.

Estudiando en la EST # 19 de Tixkokob llevaron a un conferencista para hablarnos de la lengua y la cultura mayas para celebrar el aniversario de la escuela.

Al final de la conferencia preguntaron si alguien tenía dudas o preguntas, y levanté la mano temeroso para hacer un par de preguntas, luego volvieron a preguntar si había algún otro comentario o pregunta y nadie dijo nada, y volví a levantar la mano, entonces el conferencista dijo que si nadie más tenía dudas bajaría a platicar con el preguntón.

Así fue como conocí al antropólogo Juan Ramón Bastarrachea Manzano, quien me preguntó por qué había hecho tales preguntas y comentarios, entonces le dije que mucho de lo que había dicho no era cierto, que no solo era historia de los mayas del pasado, puesto que mi familia vivía de ese modo; entonces me preguntó si yo hablaba maya, le respondí en maya y eso me permitió platicar más con él.

Entonces me dijo que si algún día quería saber más o necesitaba ayuda lo buscara en su oficina del INAH; así que cuando terminé la Secundaria y mi abuelo ya había fallecido y no había posibilidades económicas para que yo estudiara, decidí buscar al Mtro. Bastarrachea y lo demás ya está contado. Así que la maya fue mi llave de entrada.”

Nota completa de la entrevista

¿Quién es Juan Ramón Bastarrachea? Acaso sus amigos podrán decir mucho más sobre él, pero el cronista, humilde recopilador de historias, siente el deber de contar lo que ha oído de él, y vaya las líneas de arriba como un homenaje a un hombre que amó su cultura, que trabajó por ella y supo hablar de ella.– Mérida, 24 de agosto de 2016.

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