Documentos de una “guerra sin fin” que libran los mayas

Por GILBERTO AVILEZ Tax, Doctor en Historia de Yucatán

Monumento a Cecilio Chi, en su natal Chichimilá

Monumento a Cecilio Chi, en su natal Chichimilá

La documentación de la Guerra de Castas que escribieron los protagonistas de esa guerra de larga duración (documentos que van de 1847 a 1890), y que forman parte del Fondo Reservado de la Biblioteca Yucatanense, se puede consultar cómodamente en línea mediante el portal Biblioteca Virtual de Yucatán, de ese mismo repositorio meridano.[1]

Para principios de 2015, estas cartas fueron declaradas por la Unesco como parte de la Memoria del Mundo. El objetivo de esta importante declaración es que la Documentación de la Guerra de Castas –no solo epístolas, sino también proclamas, admoniciones, pareceres de los jefes mayas y de los ladinos, programas de guerra y de gobierno, entre otros documentos– se convirtiera en “patrimonio documental mundial que pertenece a todos”, a la humanidad, y esto obliga a las instituciones estatales, nacionales e internacionales, a preservar la documentación plenamente y protegerla “con el debido respeto de los hábitos y prácticas culturales”; así como que estén accesibles al público, de manera permanente y sin obstáculos.[2]

Un total de 78 cartas en maya y 107 en español, dan cuenta de la ideología, los hechos históricos, los momentos culmen, las aspiraciones, la utopística indígena, el racismo subyacente en los discursos de la sociedad “ladina” yucateca, las cartas salidas del puño de hierro de los generales de Santa Cruz, las respuestas desde Mérida, y toda una geografía de la guerra, una geografía del Yucatán del siglo XIX, se pueden dibujar estudiando pormenorizadamente la literatura dejada por el tráfago de esta larga guerra, de esta “guerra sin fin” como perfectamente fue bautizada por intelectuales yucatecos y “guerracastólogos” y jefes mayas de “Noj Kaj Santa Cruz Balam Naj”, en el “Congreso Internacional  ‘Una guerra sin fin: Los cruzob ante el umbral del Milenio’”, celebrado a fines de julio de 1997 en Mérida, en el 150 aniversario del inicio de la Guerra de Castas.

Precisamente, una de las últimas cartas de esta guerra sin fin tal vez fue escrita el 27 de julio de 1997, fecha en el que los jefes mayas del centro de Quintana Roo, desde Noj Kaj Santa Cruz Balam Naj-Felipe Carillo Puerto, Quintana Roo, les señalaban a los letrados reunidos en Mérida y expertos, o aparentemente expertos en la historia de la Guerra de Castas, que los mayas “todavía sentimos en carne propia la guerra, la guerra suave, la guerra sin armas, la guerra del hambre, de la miseria, de las injusticias, la guerra sin fin”. Ocultada, tergiversada en sus interpretaciones, deformada o mitificada con la “reflexión romántica”, para los jefes mayas de fin del milenio pasado:

“La historia oficial ha ocultado los verdaderos hechos históricos y ha opacado la valentía de nuestros pueblos, además, ha implantado su visión de la historia según sus intereses a través de los libros de Historia; nos hablan de la guerra en una forma romántica, que los mayas no pudieron ganar porque tenían que sembrar sus milpas, del triunfo del general Bravo [para mayo de 1901. N. del A.] en la ciudad santa cuando nunca hubo enfrentamiento y, lo más grave, el querer minimizar la importancia de Noj Kaj Sta. Cruz Balam Naj, llamándole Chan Santa Cruz. En el inicio de nuestra historia de Resistencia Indígena, el levantamiento maya de 1847 es una luz, una señal, un ejemplo y un símbolo de lucha heroica de nuestros pueblos por la defensa de la libertad y la dignidad. Ya son [¿largos?] los años de una gran historia de lucha de nuestros pueblos; durante todo este tiempo, miles de hermanos mayas han defendido de muchas maneras la vida de la madre tierra, nuestro maíz y nuestra cultura. Para nosotros, no es la fiesta oficial que esconde la verdad ante los ojos; para nosotros es recordar el valor de miles de guerreros indígenas mayas que pelearon para que no viviéramos en la miseria, el hambre, la discriminación y todas las injusticias que hasta hoy día sufrimos”.[3]

La documentación de la Guerra de Castas ha sido estudiada por tantos escritores desde el siglo XIX (Serapio Baqueiro, Eligio Ancona), por historiadores y antropólogos del XX y XXI que han tocado ese candente y atractivo periodo de la historia peninsular (y a los cuales defino como “guerracastólogos”). El maestro Fidelio Quintal Martín ha puesto en letras de molde una parte de los documentos en maya existentes,[4] aunque considero que existen todavía muchos documentos de esa guerra que se encuentran traspapelados en los archivos de la Península, de Belice, del centro del país y hasta de Guatemala. Y esto sin contar la serie de relatos orales de ello,[5] y la consulta a la hemerografía de la segunda mitad del XIX y las primeras décadas del siglo XX. Los trabajos pioneros sobre la bibliografía del Yucatán del XIX escrito por Quezada et al,[6] así como transcripciones de documentos hechos por Rugeley,[7] sin duda son otras fuentes para conocer y estudiar esos documentos escritos por los distintos actores de este largo conflicto peninsular.

Manuscrito de la Guerra de Castas que se puede encontrar en la Biblioteca Virtual de Yucatán

Manuscrito de la Guerra de Castas que se puede encontrar en la Biblioteca Virtual de Yucatán

A lo largo del año 2012, año axial en el que terminó un Baktún para comenzar otro, pude realizar una investigación rigurosa y que pretendía la exhaustividad totalitaria, en los archivos meridanos, misma que se prolongaría dos años más, para confeccionar un estudio sobre una de las regiones que en ese entonces había sido desdeñada por la historiografía yucateca, o como yo la he nombrado, la historiografía meridana.

Me refiero a la región de Peto, región paradigmática de tres periodos de la historia regional: el periodo azucarero (el primer acorde capitalista en la región post-independiente), la Guerra de Castas como respuesta a ese periodo, y el periodo del chicle. Mi idea principal para estudiar los documentos de Peto, desde luego, fue la forma como esa Villa sureña y sus pueblos comarcanos le hicieron frente a la Guerra de Castas y cómo llegaron a la repartición de los ejidos en tiempos del cardenismo. Peto, como dijera Terry Rugeley, se había convertido en “el pueblo a la orilla del mundo”: obviamente que del mundo yucateco cuya centralidad radicaba en Mérida, pues Peto era el punto avanzado de la “civilización yucateca”, y una región que fue la más cercana a la territorialidad que construyeron los “cruzoob” durante la segunda mitad del siglo XIX, y que abarcaba buena parte de lo que ahora es el estado de Quintana Roo. El doctor Terry Rugeley, de la Universidad de Oklahoma, es una de las autoridades más importantes para el estudio de la Guerra de Castas y del Yucatán del XIX. Tuve la dicha de que fuera mi lector externo de la tesis sobre Peto. Actualmente, el doctor Rugeley prepara un estudio sobre Peto, con lo cual se agranda el número de “petológos”, a dos solamente: Rugeley y quien esto escribe.

Pues bien, uno de esos documentos encontrados en mi trabajo de archivos son estas dos cartas que transcribo, y que dan cuenta de los motivos de la lucha de los jefes rebeldes de los primeros años de la Guerra de Castas. Estos jefes o batabes eran Bonifacio Novelo, Florentino Chan y Cecilio Chi. En estos documentos manifiestan los motivos reales de su levantamiento, señalando como causas a las contribuciones neocoloniales (no las únicas, también se encuentra el factor agrario en otras cartas escritas), y pidiendo la igualdad tanto para los indígenas como para los “blancos”. Obviamente que con las palabras de estos jefes mayas de la primera hora de la lucha anticolonial que emprendieron en la medianía del XIX estamos muy lejos de las falaces palabras de Ancona, que dijo que los mayas se levantaron por el odio secular que guardaban hacia los blancos.[8]

Primer Documento: Cartas de Florentino Chan y Bonifacio Novelo.

Con fecha 12 (diciembre de 1847) del que rige me dice el jefe superior del partido del departamento de Valladolid lo que originalmente copio: Ahora que serán las seis de la tarde, acabo de recibir una comunicación oficial del alcalde 3º de Chancenote de fecha de ayer, cuyo tenor es el siguiente: En este momento que serán las ocho de la noche ha recibido este juzgado un oficio cuyo tenor es el siguiente:

“Tengo por conveniente de decir a ustedes y poner a luz de todos los trámites del entendimiento lo que estamos peleando; es quitar a todos la contribución tanto a los indígenas como a los blancos; lo mismo los derechos de casamiento queda conforme como casan los indios así será lo de los blancos diez reales, y entierro cuatro, igualmente tendrán el bautizo tres reales de las dos razas; desde luego como entren gustosos de todas las determinaciones de este oficio, inmediatamente mandan las armas en este; pero en caso que no entren esta propuesta entramos a fuego y sangre: todo el que se entreguen a buenas, no les harán nada”.

Dios y Libertad. Chemax diez de octubre de 1847

Bonifacio Novelo. Florentino Chan, comandante de las fuerzas del sur. Señor Comandante de Chancenote.

Es copia enteramente rigurosa de un original y se lo transcribo a usted para los fines que halla lugar. Lo inserto a usted para reconocimiento e inteligencia, manifestándoles que no cejo en dictar las providencias conducentes a fin de sujetar a esta turba de indios sublevados y aplicarles el castigo a que diariamente se hacen merecedores.  Y lo inserto a usted para que se sirva ponerlo en conocimiento de S. E. Protesto a usted las consideraciones de mi aprecio y respeto.

Dios y libertad, diciembre 13 de 1847

Eulogio Rosado a Secretario de Guerra y marina del Estado.

Segundo documento: Carta de Cecilio Chi, comandante en jefe del ejército del norte. 

Ekpedz, 23 de Noviembre de 1847.

Mi muy apreciado y respetado D. José María Díaz: He recibido la carta que usted mandó al cacique de Sabán, Yamá, doy todo lo necesario porque la verdad abunda, no escasea. Vengan los soldados de Yaxcabá y los Dragones y oficiales a unirse a mi gente que hace el número de cinco mil. Estoy muy contento pero aun no me ha presentado usted todas sus armas porque si usted viene con armas se le hará daño, pues esta es la hora en que Dios ha querido que el indio quede sin medio de contribución ni los blancos, sólo para el casamiento se pagarán diez reales y para el bautismo que hacen los reverendos sacerdotes tres reales. Esto es lo que quedará de cierto, el que no quisiere, aquí estoy a esperarlo con mi tropa porque ha llegado la hora por voluntad de Dios que es solo lo cierto porque si se resisten todos morirán dentro de siete años que emplearé en pelear con ellos, porque ellos han dado ocasión. Esta es mi última resolución. Dios guarde a usted para muchos años y beso su manos diestra.

Cecilio Chi. Comandante.

[1] En la página en línea de la Biblioteca Yucatanense pueden consultarse no solo documentos de la Colonia y del México independiente, sino que cuenta con un Fondo audiovisual, así como un sinfín de bibliografía especializada en la historia de la Península. Esta es su liga electrónica: http://www.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx/

[2] “Cartas de la Guerra de Castas, protegidas. El acervo recibirá de la Unesco un reconocimiento”. Diario de Yucatán,  17 de febrero de 2015.

[3] “La Guerra de Castas, una guerra sin fin. Lectura de Documento ante el Congreso Internacional ‘Una Guerra sin fin’”. 27 de julio de 1997, documento en línea: http://www.meridadeyucatan.com/la-guerra-de-castas-una-guerra-sin-fin/

[4] Fidelio Quintal Martín. Correspondencia de la Guerra de Castas: epistolario documental, 1843-1866. Mérida. Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán.

[5] Consúltese mis ideas para realizar una historia oral total de la Guerra de Castas, atendiendo a las subregiones que podemos establecer del conflicto peninsular, en “Una cuenta pendiente, la historia oral de la Guerra de Castas: propuestas y recuerdos de cuando se rodó el documental  ‘La dignidad maya’”. Desde la Península y las inmediaciones de mi hamaca. 30 de junio de 2013. Liga electrónica: http://gilbertoavilez.blogspot.mx/2013/06/una-cuenta-pendiente-la-historia-oral.html

Igual cotéjese el libro de Pedro Bracamonte y Elmer Ek: “Después de 2012. Libro de la memoria y vaticinios mayas”. México, CIESAS, 2014. En este estudio se recogen algunas historias orales de la Guerra de Castas, aunque exclusivas para el centro de Quintana Roo y no abarca las distintas subregiones de la Guerra de Castas como la región de Peto o Valladolid, los cuales sin duda modifican las memorias de la Guerra de Castas.

[6] Sergio Quezada, Arturo Güemez Pineda y Carlos Tapia (coord.). Bibliografía comentada sobre la cuestión étnica y la guerra de castas de Yucatán: 1821-1910. Mérida. UADY-SEP, 1986.

[7] Cfr. Tery Rugeley, Maya wars : ethnographic accounts from nineteenth-century Yucatán. Oklahoma. University of Oklahoma Press : Norma, 2001.

[8] Eligio Ancona. Historia de Yucatán. Tomo IV y V. Mérida. Ediciones de la Universidad de Yucatán, 1978.

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