Comunicadores mayas de Peto, indignados por la censura a "su otro", Arux Duende

Bernardo Caamal alias Arux duende trabajando con vecinos

Bernardo Caamal alias Arux duende trabajando con vecinos

Una vez más desde el alto poder somos silenciados por el pecado de revelar desde algún ángulo de la realidad la verdad que podemos interpretar de un suceso grave que ofende lo más sagrado que compartimos los seres humanos de todas las latitudes, hechos que lastiman la dignidad de quienes se sacrifican por compartir con sus amigos, siquiera por un momento, la alegría solemne y popular de una joven de nuestra etnia-sociedad al cumplir sus 15 años, costumbre creada en nuestra zona por los mismos del clero Romano que hoy la utilizan para denigrar, regañar y reprimir actitudes no alineadas a su doctrina.

Misma discriminación recibimos de la jerarquía diocesana cuando hace referencia al idioma milenario que emplea el cura durante los suceso en Tahdziu Yucatán… para continuar con la imposición cíclica de dicha fe, que lejos de liberar y de dar vida en abundancia, mata la moral y el estado de ánimo de la joven y de la familia que solicita y paga por dichos servicios religiosos;  ¿es que para nosotros está vetada la alegría familiar,  social o incluso la más alta, la armonía espiritual? ¿De quien es la culpa que ellos dejen evidencias con su infortunado proceder?

Pero el pecado grave no termina ahí: resulta que los del poder se van contra el “malvado duende” que documenta el caso, el cura no se esperaba las fechorías de un duende en su centro de trabajo y mandan desaparecer su  muro del Facebook sin importarles el derecho ciudadano de recibir o emitir información que les afecta en su vida familiar, comunitario y social.

Parecieran decirnos, perdón si (interpretamos mal) o (o si este que usamos es también otro idioma confuso ) es que se puede ventilar todo, absolutamente todo (circo y maroma), menos lo que sufren o padecen los mayas, si los humillan, si los despojan, si los desaparecen; es bueno y alentador que sepan que con todo (y a pesares) seguiremos hablando con las palabras nuevas de nuestros abuelos, nuestros mayores y antepasados. ¿De qué se preocupan? Nuestro poder no se oculta en el vestuario, sino en el lenguaje humano y profundo del éetláak’,  mi otro,  mi semejante,  mi hermano.

Atentamente:

Gonzalo Uc Centeno

Estela Uh Balam

Atanacio Dzib S.

Amadeo Cool May

Ligia Marin P.

Dianela Marin

Miguel Sosaya

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